Mi docencia en la Universidad

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Quisiera compartir a través del Blog mi última experiencia laboral…

Cuando comencé a dar clases en la Universidad de Alicante a los alumn@s del grado de Magisterio, hacía más de 5 años que no ponía un pie en dicho recinto, pero más aún que no visitaba la Facultad de Educación (exceptuando alguna ocasión para solicitar papeles de mi antiguo expediente).

Era emocionante pensar que retomaba mis “asuntos” universitarios esta vez desde el otro lado, esta vez siendo formadora de formadores, como profesora de futuros profesores… el sentimiento de emoción se transformaba en un efecto desbordante de tremenda responsabilidad.

El encargo docente encomendado se relacionaba con impartir asignaturas como “Diseño de los Procesos educativos en Ed. Primaria”, “Gestión e Innovación en Contextos Educativos”, o “Aulas Digitales”; ninguna de ellas estaban en mi “época”, o al menos no estaban con esos títulos, sin embargo el contenido lo conocía a la perfección: la Didáctica en toda su esencia.

No podéis imaginaros lo que se disfruta desmenuzando estas materias, aunque reconozco que el nombre no atrapa mucho, el contenido sí, es la pieza clave de los inicios del grado, y a mí me apasiona.

Aunque el temario es extenso, y prácticamente me toca “estudiar” a diario, la continua investigación para abordar las clases con convicción resolviendo dudas y preguntas, me hace enriquecerme de tal manera que realmente es un reto maravilloso.

Creo que en la medida de lo posible estoy a la altura, aunque eso tendrían que juzgarlo más mis alumn@s; precisamente de éstos quería yo hablar.

El “público” al que me he enfrentado cada tarde, es bastante diferente al que tenía cada mañana. Mientras por la mañana andaba cantando y resolviendo conflictos del tipo “Anita no quiere ser mi amiga” o “me he hecho pipí”, por la tarde la historia daba un giro de 180º, abordando problemas de incompatibilidad de horarios, tutorías virtuales, y problemas en la elaboración de trabajos en grupo (el problema estrella de la mayoría… a ver si se dan cuenta de una vez por todas, de que al término de la carrera universitaria ellos tendrán que trabajar en equipo en sus futuros colegios).

La combinación de ambas situaciones es agotadora, pero adictiva al mismo tiempo. Cuando ya has acabado tu jornada en el cole (la cual todo maestro sabe que nunca acaba por que podrían convertirla en infinita continuando en casa), recuperándote del cansancio de agacharte una y otra vez y no parar un minuto en la silla, y reestableciendo de nuevo tu relación con el silencio… entonces, comienza el “segundo round”. No dejaba de repetirme “que no cunda el pánico”, estaba segura que podría con todo. El volumen de trabajo nunca me asustó, pero para quién va dirigido es otra cosa, cualquier alumnado impone/merece respeto.

Hoy en día entrar en una clase de alumnado universitario es todo un desafío.

Las nuevas tecnologías sustituyen los “antiguos” bolígrafos y hojas de papel en un 80%, con lo cual nunca sabes a ciencia cierta si el alumnado está contigo, cotilleando en alguna red social (el abuso del servicio WIFI es una realidad), o en su defecto, haciendo delante tuya el trabajo pendiente de otra asignatura; supongo que la confianza en su grado de atención es básica, y la paciencia IMPRESCINDIBLE.

La “revolución hormonal” que supone el primer año de Universidad también es un factor a tener en cuenta, ya que cuando se aproximan fines de semana o fiestas propias de cada facultad se nota en el ambiente; la elaboración de camisetas para distinguirse de otros grupos de clase o el conocimiento sobre el horario del día “X” van a superar cualquier actividad y dinámica que quieras proponer (lógico, a mí en su lugar y en su momento también me descentraba bastante).

El tema “teléfonos móviles” resulta altamente indignante. No suenan en mitad de clase (¡faltaría más!), pero sí está a la orden del día el “wasapeo”, como una “técnica” muy habitual que con total descaro practican delante de tus narices, eso sí con la pequeña consideración de sentarse para ello, en las últimas filas.

Son detalles curiosos los cuales en mi caso, no han supuesto especial dificultad, pues a todos ellos siempre les ha superado una buena actividad, una original dinámica, y una constructiva y significativa explicación del tema que tocaba… “detalles curiosos” vs Irene… one point for me!!

Aún con todo, de mis alumnos/as universitarios he aprendido mucho, y más. Su curiosidad e inquietud cada vez que descubren algo nuevo sobre el funcionamiento de los colegios, o sobre los sucesos acontecidos a través de la historia en materia de educación; su creatividad y originalidad en elaborar actividades y materiales; su preocupación por cambiar las cosas sin saber cómo, pero teniendo claro que quieren formar parte de los grandes y pequeños cambios… me ha gustado acompañarles en esta parte de su formación, pues se confirman mis sospechas sobre el necesario y continuo acompañamiento emocional que necesitan las personas que se encuentra en procesos de búsqueda, de aprendizaje, de construcción interior.

No lo saben, pero cada vez que acabo una asignatura con uno de los grupos que cae en mis manos, me entristezco…  especialmente a mi grupete de GICE lo extrañaré, y en general echaré de menos esta aventura.

Con asignaturas que conozco al milímetro, y un alumnado que he asumido con sus pros y sus contras, ahí he estado yo, como Unamuno luchando contra esto y aquello, e inmersa en un proceso de enseñanza – aprendizaje, cuanto menos interesante.

Estoy a punto de cerrar capítulo, debo retomar otros proyectos.

Sin duda, lo mejor del viaje, fue mi “compi”.

Los docentes que me leéis conocéis de la importancia de crear un buen equipo de compañer@s, y de lo que cuesta encontrar a personas afines en forma de trabajar, concepción de la enseñanza, y valores profesionales. Yo tuve suerte, me tocó el premio gordo. No digo más, ella, MI COMPAÑERA, ya sabe lo que me ha salvado la vida. Cuando crees que tu círculo de amigos está cerrado, y que todo está finiquitado en el campo de las relaciones sociales, aparecen personas que te abren ventanas y puertas, y te recuerdan que el planeta Tierra está lleno de seres humanos extraordinarios que no te debes perder… otros, los puedes simplemente conocer de forma diplomática también te pueden mostrar justo, en lo que no te quieres convertir, de todo se aprende.

Asignaturas, alumnado, compañeros, … la Universidad es un mundo complejo, y yo soy una persona sencilla, pero me ha hecho ver que la Enseñanza no acaba en una oposición o en conseguir un trabajo, hay mucho más. Siempre hay más. Esta profesión es infinita, tiene tantas opciones que investigar, que soy de las que no quiere perderse nada, y exprimir todas las posibilidades.

Dicen que los profesores somos los eternos estudiantes, cierto, no paramos de reciclarnos y responder a las continuas demandas de la sociedad, es nuestra lacra (el que no lo vive, solo ve vacaciones, buen horario, y un sueldo para toda la vida, lástima que la profesión quede en eso). Pues bien, yo con esta experiencia laboral lo reafirmo, me queda mucho por estudiar, aprender, investigar, mejorar,… esa es mi vocación.

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Busco conocer parte, si no, todos los caminos que este oficio nos brinda, y por el momento el de la docencia universitaria, ha sido satisfactorio, agradecido y tremendamente “didáctico”.

Hasta pronto, o al menos… de momento 🙂

 

 

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2 pensamientos en “Mi docencia en la Universidad

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